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La llamada del espejo

Cuando David encontró aquel antiguo espejo en el ático de su abuela, pensó que era un objeto más entre el polvo y los recuerdos olvidados. El marco de madera estaba tallado con símbolos extraños, y el cristal tenía un brillo peculiar, como si reflejara algo más que la simple imagen de quien se parara frente a él. Lo bajó a su habitación sin pensarlo mucho. Al principio, era solo un espejo. Pero con los días, David notó algo extraño: su reflejo no siempre imitaba sus movimientos. A veces parpadeaba cuando él no lo hacía. Otras, sonreía levemente, aunque su rostro seguía impasible. Se dijo a sí mismo que solo era imaginación, pero cada noche la sensación de que algo lo observaba desde el otro lado del vidrio se volvía más intensa. Las primeras noches, los susurros eran casi imperceptibles. Se convenció de que eran ruidos de la casa vieja. Sin embargo, con el tiempo, las voces se hicieron más claras, pronunciando su nombre con un eco hueco y burlón. "David… déjame salir", decía ...